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Ejercicio de improvisación literaria: La bala disparada.

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Un escritor escribe. A veces uno escribe una novela (dentro de poco os informaré de novedades) y otras veces, simplemente, uno escribe por escribir; para ejercitarse. Aquí os dejo uno de esos textos que surgen de un ejercicio de improvisación, entrenamiento de escritor, que hicimos en la tertulia literaria a la que tengo el placer de asistir con Daniel Dimeco.

Duración del ejercicio: ocho minutos.
Tema: Imagina que eres una bala que acaba de ser disparada. Describe lo que ves, lo que sientes.

Esto es lo que salió.

Escucho la detonación justo detrás de mí y noto la fuerza brutal que me empuja sin que yo pueda evitarlo. Es mi momento, mi destino. Nací para este instante.

Al principio todo es oscuridad y un ligero olor a pólvora quemada invade la estancia. Una afilada muesca metálica roza contra mí y araña mi brillante cuerpo, pero yo continúo mi viaje impulsado por la fuerza brutal.

De repente todo es luz. Atrás dejo la oscuridad del cañón y vuelo libre, directa hacia el objetivo. Siento el aire a mi alrededor mientras giro alegre. Pienso en mi objetivo. ¿Será duro? ¿Será blando? Por fin, a lo lejos, lo vislumbro. Me acerco a él inevitablemente.

Poco a poco me noto caer. La fuerza inicial desaparece y otra, que surge de la tierra, me atrae hacia sí. Mi flamante trayectoria ya no es recta. Veo el suelo cada vez más cerca, y mi objetivo ya casi no está en mi línea de visión.

Caigo. Me noto caer. Siento un dolor agudo en mi carcasa metálica. La tierra me araña, me frena. Ya no vuelo por el aire. Ya no soy una bala.

Saludos

Written by juanjo escribano

marzo 1st, 2012 at 7:48 am

Más aventuras de Tomás Villaociosa

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Aquí os dejo una nueva aventura de nuestro querido Tomas Villaociosa de la Endrina. Esta vez, nuestro héroe, frustrará un atraco como sólo él sabría hacerlo…

Este relato está especialmente dedicado a todos los que me hicisteis feliz con vuestra presencia el jueves pasado. Muchas gracias por permitirme compartir mi literatura con vosotros.

Enlace a Atraco frustado en tomasvillaociosa.com

Written by juanjo escribano

julio 12th, 2011 at 7:01 pm

Dichosa literatura dichosa

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Hace años, muchos años, la literatura era eminentemente oral. Pocos eran los dichosos que sabían leer, y muchos menos los que sabían escribir, así que los escritores, los juglares, los trovadores, iban de pueblo en pueblo ganándose la vida recitando, interpretando los textos que ellos mismos, u otras personas, habían escrito.

Hoy, salvo algunas excepciones, la mayoría de la población sabe leer, y puede disfrutar del proceso de lectura, que se ha convertido en una acción solitaria, individual y, normalmente, silenciosa.

Pero ocurre que, a veces, los escritores sentimos la necesidad de ser juglares de nuestra propia obra, y necesitamos leerla, recitarla, interpretarla (y me consta que hasta cantarla) para que vosotros, lectores, seáis espectadores de la obra. Y eso es lo que va a ocurrir el próximos jueves, 7 de julio de 2011, en la taberna La Dichosa, en Madrid. Ese jueves, amigos míos, a eso de las 19:30, y en la citada taberna, leeré parte de mi obra para todos los que queráis pasar un rato escuchándome.

Leeré relatos de Días, y algunos relatos y poemas no editados hasta el momento, y aprovecharé, siempre que vosotros queráis, y en la medida que lo deseéis, para mantener una charla distendida con el público.

Os espero.

Lugar: Taberna La Dichosa. Calle Bernardo López García, 11.
Día y hora: Jueves, 7 de julio de 2011, a las 19:30.

Mapa del sitio:


Ver mapa más grande
 

Written by juanjo escribano

julio 4th, 2011 at 2:43 pm

Villaociosa enamorado (segunda parte)

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Las increíbles aventuras del inspector Tomás Villaociosa de la Endrina continúan apareciendo en tomasvillaociosa.com . Ayer mismo se publicó el relato “Villaociosa enamorado (segunda parte). Un corazón en mil pedazos”.

Espero que os guste, y que os continúen entreteniendo las aventuras de este personaje del que ya he hablado aquí con anterioridad.

Que ustedes lo disfruten.

Written by juanjo escribano

junio 30th, 2011 at 4:53 pm

Otra pequeña aventura de Tomás Villaociosa

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Las aventuras de Tomas Villaociosa continúan con esta nueva entrega, que lleva por título “Villaociosa enamorado (primera parte)”.

Espero que os guste.

Enlaces:

Villaociosa enamorado (primera parte)
Las aventuras de Tomás Villaociosa de la Endrina

Extracto:

Si bien nuestro querido inspector siempre se ha debido, en cuerpo y alma, a la protección de la ciudadanía, siendo ésta su máxima aspiración en la vida, el amor ha tocado en varias ocasiones la puerta de Villaociosa, unas veces con más fortuna, otras con menos. La de hoy, es una historia de amor imposible, de anhelos inalcanzables, de desatada pasión muerta casi al punto de empezar

Written by juanjo escribano

junio 21st, 2011 at 5:17 pm

Don Tomás Villaociosa de la Endrina, para servirles

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Como muchos de vosotros ya sabéis, mi actividad literaria no se detiene, y poco a poco mi cabeza va generando nuevas ideas, nuevos personajes, algunos con más éxito, y otros con menos…

Durante el último año he trabajado, entre otros proyectos, en una obra de aventuras, cómica, divertida, donde los acontecimientos se desarrollan con rapidez y prima el estilo directo, el dialogo, sobre todas las cosas. Son las tan queridas aventuras de don Tomas Villaociosa de la Endrina.

Me atrevo a dirigirme a vosotros, en este rinconcito de Internet, para enseñaros parte de lo que será, espero, una nueva obra literaria que verá la luz, si el Destino no tuerce los planes, el año que viene. Entre tanto, y para ir abriendo boca, os presento a don Tomás Villaociosa de la Endrina, inspector del glorioso cuerpo de policía nacional, y excelente jugador de brisca.

Espero que os guste, y que sigáis a menudo las aventuras de tan peculiar personaje.

Enlace a la web del inspector don Tomás Villaociosa : www.tomasvillaociosa.com

 

Written by juanjo escribano

junio 13th, 2011 at 8:34 pm

Pagando

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La musiquilla rítmica, repetitiva, de la máquina tragaperras rompía el silencio del local. Detrás de la barra Eugenio, el dueño, sacaba los vasos aún húmedos del lavavajillas y los colocaba junto a los demás, en una fila más o menos ordenada, sobre una de las repisas ya atiborrada de otros vasos y jarras de cristal. En una pared, al fondo del bar, sobre una balda de madera sujeta por dos escuadras, en un viejo televisor encendido se podía ver, pero no escuchar, uno de esos documentales repletos de imágenes de hermosos bosques, y exóticos animales.

De una destartalada portezuela, también al fondo del bar, salía una mujer joven, de unos treinta años, vestida con una minifalda color negro, ajustada, muy corta, botas altas, hasta las rodillas, y un top blanco que dejaba entrever un sujetador del mismo tono.
- Niño -dijo la joven-, ponme otro botellín anda.
- Botellín para la princesa -Eugenio dejó los vasos, abrió la cámara refrigeradora, sacó una cerveza y la dejó sobre la barra. La chica cogió la botella, observó la boca cerrada, y a punto estuvo de decir algo, pero al ver a Eugenio volver con los vasos del lavaplatos decidió callarse. Cogió un encendedor que tenía junto a un paquete de tabaco y, haciendo palanca entre el mechero y su mano, hizo saltar la chapa. Apoyó la espalda sobre la barra, y se quedó mirando a la calle, con los ojos fijos en un charco sobre el que se veían las ondulaciones que las gotas de lluvia producían al caer.
- Jodido tiempo…
- Cuál, el de ahí fuera o el otro -respondió Andrés, otro de los parroquianos habituales del antro.
- Qué otro.
- Pues el otro… Qué otro va a ser… El que no es el de ahí fuera… El de los relojes…
- Ah, el tiempo.
- Pues eso, el tiempo.

De nuevo el silencio, sólo roto por la tragaperras, se adueñó de la estancia. Andrés terminó su bebida y Eugenio, que ya había terminado de colocar los vasos, le sirvió otra sin que éste dijera nada.
- ¿No hay mucho trabajo hoy, princesa?
- Nada, Andrés… Ya lo ves. Con este tiempo la gente prefiere quedarse en casa. Se apañan con una película y listos…
- Pues qué quieres que te diga, donde estén las carnes de una jovencita que se quiten las películas, los apaños y toda esa mierda. Eso para los adolescentes, que van ciegos de ver culos todo el día…
- Ya… Y luego está el Internet ese… Allí se ponen las botas también… Y yo aquí… Jodido tiempo…

Otra vez el silencio.
- Oye…
- Qué…
- Si no tienes cliente, podrías subirte un rato a mi casa…

La mujer miró a Andrés durante dos segundos, y volvió a fijarse en el charco. Ahora llovía algo más fuerte.
- Ya. Y lo querrás gratis, ¿verdad?
- Son muchos años, princesa… Hace mucho que no…
- ¿Ves, Eugenio? -dijo dirigiéndose al camarero-. A esto me refiero. Andrés me quiere gratis, pero a ti los güisquis te los paga todos.
- O paga o no bebe. Aquí no se fía -respondió el camarero, mientras pasaba un paño húmedo por la barra.
- Ya lo has oído. Si no pagas no bebes, ni follas…
- Bah… Que os jodan…
- Si es pagando…

Andrés dejó un billete de veinte sobre la barra, de mala gana. Se levantó del taburete donde estaba sentado, y se dirigió a la puerta. Desde el umbral se quedó observando la calle, vacía a pesar de lo temprano del la hora. Se giró al interior.
- Vamos, princesa.
- ¿A dónde?
- A dónde va a ser. A mi casa…
- Pagando…
- Pagando…

La joven salió del bar, pasando junto a Andrés, que la esperaba en la puerta. Él la rodeó con su brazo, y los dos desaparecieron de la vista de Eugenio en una carrera desesperada hacia ese lugar lleno de dolor, soledad y angustia. En el bar, el camarero cogió el dinero de la barra y lo guardó en la vieja máquina registradora. Aquella era toda la ganancia del día. Después cogió un trapo húmedo, y comenzó a limpiar la cafetera.

Written by juanjo escribano

junio 3rd, 2011 at 6:19 pm

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No pienses demasiado

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La calle es muy dura… Te hace pensar mucho… Yo ya no pienso, dice, y clava su mirada en algún punto entre el banco en el que permanece sentado y la pared. Unos roídos calcetines cubren sus pies, sin zapatos. Me los han robado, comenta con pena. ¿Para venderlos?, pregunto inocente. Eso no lo pueden vender… Si estaban destrozados… Para joder, lo hacen para joder, responde.

Tiene su casa (unas mantas tiradas en el suelo) en una calle poco transitada, frente al bar en el que estuvo trabajando durante quince años. Me comenta que tiene ganas de dormir, pero que los del bar no le dejan porque da mala imagen, así que tiene que esperar en ese banco hasta que el tugurio eche el cierre. Además es día de partido y cerrarán más tarde. Ha ganado el Barcelona, comenta alegre. Yo lo prefiero. A mí los otros, los del Madrid no me gustan… Iniesta, ese chico sí que vale… Tiene una peña en Talavera, yo le conozco… Coge el cartón de vino blanco que tiene a su lado y bebe de la abertura que ha hecho en una de las solapas del envase. Un hilillo de vino le recorre la barba. Se limpia con la manga. A ver si alguno de estos me da un cigarro…. No hay suerte. Ni le miran.

¿Me haces un favor? ¿Me alcanzas mi abrigo? Está ahí, en mi cama, dice, y señala las mantas que hay frente al bar, sobre las que se intuye un viejo chaquetón arrugado. Se lo acerco, y se cubre con él, a modo de manta. Oye, ¿y por qué en esta calle?, pregunto curioso. Aquí he estado toda la vida. Nací aquí…, responde. Aquí me hicieron, sonríe. Y ahora mira, doy mala imagen. Es por la barba, ¿sabes? Los que llevamos barba tenemos mal aspecto. Mira, tú también llevas barba, me mira mesándose los pelos de la cara y ríe irónico.

Alguien pasa cerca, y en un giro de la conversación me habla de los jóvenes, que se ponen de todo hasta arriba… yo ahora le doy al vino, asegura, y le da otro trago al cartón. Yo prefiero la cerveza, respondo. Sí… en verano una cañita está bien…

No le pregunto su nombre, ni a él parece interesarle el mío. Poco a poco la charla va llegando a su final. Le voy a dejar, que tengo que subirme para arriba… Por que subirme para abajo está complicado, bromeo. Vete para abajo, que te cansas menos, responde. Al final todos acabamos abajo, zanjo. Ea, pues le dejo. Me voy. Ha sido un placer, me despido. Igualmente hombre… Y muchas gracias por acercarme la chaqueta. Me voy alejando mientras le digo que no se merecen.

Estoy ya a varios metros de distancia cuando escucho y no piensas demasiado… Me giro y sonrío. A lo mejor tiene razón…

Written by juanjo escribano

abril 14th, 2011 at 8:46 am

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Dulcinea

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No se puede escribir sin amar a Dulcinea. O haberla deseado, haber añorado tenerla entre tus brazos, sostener su mirada en la quietud de la noche, aniquilar las oscuras sombras de una habitación con el cálido fuego de su pecho, sentir el dulce torrente fluir suavemente entre dos cuerpos pegados, inseparables, eternos. No se puede vivir sin amar, al menos una vez, a Dulcinea.

Causa primera, última razón al fin y al cabo. Él lo sabía, y por eso la amaba. La imaginó cada noche, luchó por ella, se enfrentó a terribles gigantes, temibles enemigos, horribles pesadillas que invadían, vigilantes, sus sueños. Amaba a Dulcinea. Amó a Dulcinea.

Ella existe, tan real como necesaria. ¿Cómo cabalgar cada jornada, escribir un párrafo, sentir un verso, si no es por Dulcinea? No se puede vivir sin amar a Dulcinea. No puedo escribir sin amar a Dulcinea.

Written by juanjo escribano

febrero 3rd, 2011 at 7:39 pm

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Junto a este río

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Me voy a sentar aquí, tranquilo, en la orillita de este río.
Contigo.
Y dejaré pasar el tiempo, el agua correr.
Aquí, en calma, junto a este río.
Ven. Siéntate un rato a mi lado. Deja pasar el tiempo, mira el agua correr.
Junto a este río.
Tranquilo.
Conmigo.

Written by juanjo escribano

enero 13th, 2011 at 11:22 am

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