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Junto a este río

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Me voy a sentar aquí, tranquilo, en la orillita de este río.
Contigo.
Y dejaré pasar el tiempo, el agua correr.
Aquí, en calma, junto a este río.
Ven. Siéntate un rato a mi lado. Deja pasar el tiempo, mira el agua correr.
Junto a este río.
Tranquilo.
Conmigo.

Written by juanjo escribano

enero 13th, 2011 at 11:22 am

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I Jornada literaria organizada por Ediciones Antígona

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La editorial Antígona organiza la primera jornada literaria orientada a escritores noveles en su nueva sede de la calle Prim, número 15. Se trata de un encuentro de nuevos escritores, una tertulia literaria en un ambiente distendido donde podréis (podremos) hablar de lo que más nos gusta: literatura. También podéis aprovechar para enseñar vuestros textos a la editorial, que serán bienvenidos.

En este primer encuentro yo mismo romperé el hielo presentando mi obra Días, editada en 2010 por la propia editorial Antígona, en su colección Kairós.

Si estás interesado, aquí tienes más información. Iré actualizando la información en este blog. Espero veros por allí a todos.

Un abrazo

Actualización: Ya tenemos fecha para la jornada literaria. Será el 11 de febrero a las 19:00h en la sede de la editorial (Calle Prim, número 15, en Madrid). Copio literalmente el mensaje de la editorial al respecto:

Este encuentro está pensado para todos aquellos que, siendo escritores o no, quieran establecer un punto de encuentro para debatir y poner en común temas relacionados con la literatura, y busquen un espacio creativo para compartir lecturas y textos. Inscríbete de forma gratuita en eventos@edicionesantigona.com

Written by juanjo escribano

diciembre 22nd, 2010 at 10:15 am

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Como si fuera ayer

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Te marchaste una noche de octubre,
lo recuerdo bien, como si fuera ayer.

Desperté y ya no estabas allí,
a mi lado, en mi vida,
donde yo te quería,
lo recuerdo bien, como si fuera ayer.

La verdad, no me extrañó,
hacía ya tiempo que lo sabía,
y esperaste hasta el final,
hasta el último día,
cuando ya no podías más,
cuando nada ya te retenía,
lo recuerdo bien, como si fuera ayer.

Si hubiera podido, mi amor, lo hubiera evitado,
pero no supe cómo, nunca supe cómo,
nadie lo sabe. No te lo reprocho.

Me acuerdo muy bien, como si fuera ayer,
fue una noche fría,
de esas que el invierno le roba al otoño,
tan triste, tan melancólica,
creo que hasta llovía. Sí, llovía,
lo recuerdo bien, como si fuera ayer.

Te marchaste, y era octubre,
y yo lo supe, y lo sabía,
y llovía y hacía frío,
Lo recuerdo bien, como si fuera ayer.

Written by juanjo escribano

diciembre 8th, 2010 at 1:28 pm

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Segunda promoción de El Bosque (Corto)

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Seguimos trabajando en el corto El Bosque, basado en uno de los relatos de Días. Las grabaciones ya han terminado y estamos en la fase de montaje. Poco a poco, todo el proyecto va cobrando forma, y las horas de frío (mucho frío, de verdad), los viajes y el esfuerzo van dando resultado.

Mientras llega el producto final, aquí os dejo la segunda “promo” del corto. Espero que os guste:

Teaser El Bosque

El Bosque (teaser 2) from Viv&Co. on Vimeo.

Si todo va bien, y la suerte acompaña, el corto estará listo en enero, pero esto lo digo con la boca pequeña, que ya se sabe…


Written by juanjo escribano

noviembre 29th, 2010 at 10:48 am

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Estaciones

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Dejé que pasara el invierno
porque era muy frío.
Tú, amor, merecías más calor.

Dejé marchar la primavera
porque era muy corta.
Tú, amor, merecías más tiempo.

Dejé que se fuera el verano
con mis ojos fijos en aquella pared
blanca como la cal.
Tú, amor, merecías más colores.

Dejé irse al otoño,
amarillo manto que cubría mi vida,
porque me pareció melancólico.
Tú, amor, merecías alegría.

Y volvió de nuevo el invierno,
y mi lecho se congeló,
y tiritó mi corazón,
y te busqué junto a mí,
y no encontré más que ausencia,
gélida falta de tu amor,
triste frío desgarrador,
soledad bajo cero
disfrazada de miedo.

Y ya no había manto amarillo cubriendo mi vida,
ni cal blanca en la pared,
ni efímera flor de primavera en mi rosal.

Y yo, amor, ya no te merecía.

Written by juanjo escribano

noviembre 25th, 2010 at 6:26 pm

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Amor

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Mucho se ha escrito ya sobre el amor y sus consecuencias, que las hay. Ríos de tinta, montañas de celulosa, millones de versos a cuál más hermoso, miles de párrafos repletos de descripciones, sentimientos, pensamientos y acciones, todos hablando de amor. Me gusta, por curiosa, una de las acepciones que la Real Academia Española de la lengua hace sobre esta palabra: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Y no es la única. Catorce acepciones tiene la entrada en el diccionario, a día de hoy. Vaya con la palabrita.

El amor es fuente de inspiración, uno de los grandes temas de la humanidad y, por supuesto, de la literatura universal. Al fin y al cabo, la literatura es humanidad, sobre todas las cosas. Romeo loco por Julieta o Penélope esperado incansable a Odiseo son amores difíciles de olvidar. También en la música, en la pintura, en el cine, en el teatro… En la cotidianidad del día a día encontramos amor a raudales.

El refranero popular, tan amplio en nuestra lengua, no queda atrás. Amar sin padecer, no puede ser, dice uno de ellos, o amar sin ser amado, es tiempo mal empleado, asegura otro.

Y de la poesía… Qué decir de la poesía. Quién no se deja llevar, a ratos, por las genialidades de un maestro como Bécquer,

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

O con versos del genial Neruda,

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Y a pesar de todo lo que ya se ha dicho, seguimos escribiendo de amor. Seguimos cantando al amor. Seguimos pintando lienzos, con trazos repletos de amor.

¿Por qué amor y amargura se parecerán tanto? Pienso yo.

Quién no quiso alguna vez algo que no pudo tener, cantaban Los Suaves.

El enamoramiento es una fase de tontería pasajera, acertó a decir un genio.

¿Por qué no iba yo a dedicar hoy unas líneas al amor? Estas son las de hoy. Mañana ya veremos.

Written by juanjo escribano

noviembre 16th, 2010 at 4:31 pm

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Con la iglesia hemos topado, amigo Saharaui

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Con la iglesia hemos topado, dice el refranero popular, aprovechando mal unas líneas de nuestro querido Quijote. Y no es que éstas, las mías, versen sobre tan popular hazaña literaria, ni mucho menos, es más bien que me vienen como anillo al dedo para romper la blancura de esta hoja virgen y, de paso, aplicarla con toda la delicadeza de la que soy capaz al asunto Saharaui, ni más ni menos. Si en habla popular, nuestro Sancho se topaba con la iglesia, en el asunto del desierto los saharauis se han topado con Marruecos. Pero claro, lo de allí abajo no es un cuento y la sangre, de unos y de otros, se derrama en serio, de verdad verdadera.

No os puedo mentir. No soy experto en la materia y no sé, ni me corresponde a mí determinarlo, cuál de los dos bandos, el marroquí o el saharaui, tiene razón, y si unos deberían ser independientes, o formar parte de la monarquía de los otros. Porque aquí, como en todas partes, la historia cambia por completo dependiendo de quién la cuente.

Sea como fuere, y según parece, en mitad del calor del desierto, los amigos de Marruecos están repartiendo de lo lindo, y se están despachando como gustan con los colegas saharauis. Eso parece evidente, que podemos ser tontos, pero aún sabemos comprender según qué cosas. Lo que es de alucine, oiga, es el pasotismo de occidente. El miedo atroz que Europa en primera instancia, y el resto de países detrás, tiene al gobierno marroquí. Nos deben tener bien cogidos por la solapa, y esto lo deduzco de lo que se les ha permitido hasta la fecha, y lo que te rondaré morena.

Qué curiosa es la política, y de qué formas tan distintas se puede defender un país. No es el de Marruecos un gran ejército, y aún así no le tose ni los de los Estados Juntitos. Que puede parecer que no viene a cuento, pero cuando el río suena, agua lleva. Desde aquellos incidentes del islote de marras, de cuyo nombre no quiero acordarme, hasta la actualidad, no han pasado ni diez años, durante los que el gobierno marroquí ha puesto en jaque a Europa, a sus instituciones, y por supuesto a España, año sí, año también. Y ahí están, como Pedro por su casa. Otros por menos se han llevado la del pulpo.

En fin, que no tengo ni idea, de verdad, de si los amigos del Sáhara merecen ser independientes o no, y no voy a entrar aquí en aquello de que la tierra no es de nadie, sino del viento. Lo que si merecen, seguro, es un poquito más de atención. Antes de que los masacren del todo, y por lo que pueda pasar, digo.

Written by juanjo escribano

noviembre 10th, 2010 at 7:34 pm

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Fotografía: bosque y agua en otoño

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Ya he dejado por aquí antes alguna que otra fotografía, y hoy vuelvo a las andadas. La naturaleza nos regala paisajes increíbles, difíciles de capturar en una sola foto. Pero yo lo intento.









Un abrazo.

Written by juanjo escribano

octubre 17th, 2010 at 6:12 pm

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Preparamos un cortometraje con un relato de Días

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Una historia puede ser contada de muchas formas diferentes, todas bellas, todas arte. A mí me gusta hacerlo desde la palabra escrita, la grafía sobre la celulosa, la vieja literatura, el papel desbordante de sílabas batiéndose en duro duelo, venciendo al temido blanco impoluto que es al empezar. Y así, poco a poco, voy creando historias.

Una de ellas ha llegado a manos de Nacho, un director novel de cortometraje, un artista de la imagen y el sonido, un mago del encuadre y el guión que me ha embaucado para lanzarnos juntos a llevar uno de los relatos de Días al mundo audiovisual. El Bosque es el relato que Nacho ha escogido para realizar nuestro primer corto juntos. El relato, que tiene el honor de ser el más viejo de todos los que hay en Días (escrito en 2005), está enmarcado dentro de la sección de Relatos de Terror y Misterio, y Nacho está sabiendo crear el ambiente adecuado en las grabaciones que ya estamos haciendo. Txomin, Bety y Laura, con sus más que espléndidas actuaciones están completando una aventura difícil de olvidar. No puedo dejar de mencionar a Javi, por su melódico aporte, y a Diga 33, que pone banda sonora a la historia.

Cortometraje El Bosque

Si todo sale bien, si las musas nos acompañan, los medios no fallan, y los actores no se acatarran, antes del final de este año tendremos el producto finalizado y podréis disfrutarlo. A ver si hay suerte.

De momento, y hasta nuevo aviso, no os puedo contar nada nuevo. Espero poder dar más noticias dentro de poco y, si me dejan, filtrar alguna imagen, aunque Nacho es muy riguroso con su arte. No es para menos.

Se despide de ustedes este humilde aprendiz de escritor, hasta la próxima vez que nos leamos, y como dicen en el teatro: mucha mierda.

Written by juanjo escribano

octubre 13th, 2010 at 4:55 pm

El desván

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Una montaña de piedras, arena y madera anuncia el lugar donde, hace ya más de treinta años, se levantaba imponente aquella enorme casona en la que pasé la infancia y gran parte de mi adolescencia. En mi memoria las distancias se dibujaban más amplias, hasta el punto de que me parecía que entre la puerta que daba al jardín posterior y el árbol donde mi abuelo había construido para mí el columpio, hubieran podido edificarse tres o cuatro caseríos más como aquel. Ahora que lo vuelvo a ver, me doy cuenta de lo distorsionada que era en aquellos tiempos mi visión del mundo, y lo lejos de la realidad que vivía yo en aquel entorno tan protegido.

Es a este resquicio de lógica al que me agarro cuando vienen a mi mente los acontecimientos que sucedieron en aquella casa, y que yo mismo presencié. Pensar que todo aquello no ocurrió, que fue producto de la febril imaginación del niño que era, es el único asidero que me impide caer en la locura total. Escribo estas líneas para mí, mientras intento ordenar los pensamientos, con la vaga ilusión de concluir de aquello poco más que una viva invención pueril.

La casa tenía dos plantas, aunque la mayor parte de la vida se hacía en la inferior, quedando la superior, además de para que jugáramos nosotros, para uso de mi abuelo, donde pasaba largas noches en solitario dedicado por entero a sus más queridas actividades, la lectura y la talla de madera. El desván, así llamábamos a la planta de arriba, sin llegar a serlo, era de libre acceso para toda la familia, a excepción de un pequeño habitáculo cerrado, protegido por una pesada puerta de madera y un cerrojo cuya llave sólo mi abuelo custodiaba. Aquel, decía, era su santuario más preciado.

Por supuesto, jamás se nos franqueaba la entrada a aquella habitación y ni siquiera se nos permitía jugar cerca de la puerta. Recuerdo que la estancia estaba situada en una esquina y, según mis cálculos, debía tener forma rectangular de unos cuatro metros de largo por tres de ancho, como máximo.

Una tarde, mi hermano y yo jugábamos en el desván, y nuestro divertimento nos llevó demasiado cerca de la puerta. Recuerdo que yo quedé petrificado y me alejé rápidamente varios pasos, haciendo gestos silenciosos a mi hermano para que viniera conmigo. Él, sin embargo, decidió ignorarme, y se acercó más a la puerta, hasta el punto de apoyar su mejilla contra la madera, juntando bien la oreja al portón, con intención de escuchar algún sonido. Yo permanecí en silencio, temiendo que mi abuelo apareciera de repente y nos castigara. A mi hermano esto no parecía importarle demasiado y continuó su investigación.

Como fuera que a través de la puerta no escuchara nada, se levantó y trató de abrirla girando el pomo. La puerta no cedió. Mi hermano se volvió y me miró. Yo retrocedí otro par de pasos mientras negaba con la cabeza. Aquello no podía salir bien. Yo sabía que mi abuelo, a esas horas, se encontraba fuera cuidando el jardín, pero podía aparecer en cualquier momento, bien por casualidad, bien por intuición.

Por supuesto, mi hermano volvió a ignorarme. Soltó el pomo y sonrió lentamente, mientras con su mano derecha sacaba del bolsillo de su pantalón un pedazo de alambre retorcido que, a modo de ganzúa, debía valer para tratar de correr el pestillo. Sin duda mi hermano lo tenía todo planeado, y en aquel momento me di cuenta de que nada había sido casual. Había planificado el momento al más mínimo detalle, el juego que nos llevó hasta la puerta, el alambre…

Yo alternaba la mirada entre la puerta donde mi hermano ya intentaba forzar la cerradura y las escaleras que daban al piso inferior, a fin de poder avisar de la llegada de cualquier persona, sobre todo de mi abuelo. Escuché una palabra malsonante y después un sonido tosco, de metal contra madera. La puerta aún permanecía cerrada, aunque sin duda aquel sonido había sido el de un cerrojo abriéndose. Miré a mi hermano, que estaba a punto de abrir la puerta, y volví la mirada hacia el pasillo con la esperanza de que permaneciera vacío, como lo había estado hasta ese momento.

Escuché un clic, y supe que mi hermano había abierto la puerta. De la habitación salió un destello de luz tan brillante que iluminó por completo toda la planta superior de la casa. Aquella luz se hizo tan potente que casi era incapaz de distinguir la estancia en la que me encontraba. La claridad de la luz se iba haciendo cada vez mayor, y a duras penas distinguía los perfiles de los objetos más cercanos. Los ojos empezaron a dolerme, y la piel me escocía y me quemaba, como si una llamarada estuviera abrasando mi cuerpo. Los pulmones se llenaron de aire caliente, y había perdido por completo la capacidad de gritar. Por fin, aquella luz, aquella energía me envolvió con tal fuerza que sólo pude tirarme al suelo, encogido, protegiendo la cabeza con mis manos en un intento desesperado de evitar que aquel maldito calor, aquella terrible luz, terminara de matarme.

Y entonces, de repente, todo fue oscuridad. La oscuridad más absoluta. La nada después de la nada. Allí me encontraba yo, flotando entre materia oscura, en total ausencia de luz. El silencio era aterrador. Sentí un frío gélido que entumecía mis músculos y helaba todo mi cuerpo. No sé cuánto tiempo estuve así. Demasiado.

Por fin, el silencio se rompió, y a lo lejos comencé a escuchar voces, la mayoría conocidas. Otras no. La voces conocidas se acercaban cada vez más, a la vez que la oscuridad desaparecía. Una cálida sensación se apoderaba de mí, lenta, imparable. Estaba bien, perfecto. Abrí los ojos. Me encontraba en mi cama, rodeado de mis padres, y una enfermera. Sus rostros reflejaban alivio al verme despertar. Al fondo de la habitación, junto a la puerta, mi abuelo me miraba con dureza, callado. Sentí un escalofrío la verle, un escalofrío que duró hasta que salió de la habitación.

No recuerdo si pregunté en ese momento o simplemente me lo contaron. Desde aquella tarde nadie había vuelto a ver a mi hermano, al que daban por desaparecido. Tampoco se explicaban por qué me sumí yo en aquel extraño coma que me postró casi un mes en la cama. Viví pocos años más en aquella casa. Durante ese tiempo jamás hablé con mi abuelo de lo sucedido y nunca volví al desván.

Written by juanjo escribano

septiembre 28th, 2010 at 7:27 am

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