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Villaociosa enamorado (segunda parte)

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Las increíbles aventuras del inspector Tomás Villaociosa de la Endrina continúan apareciendo en tomasvillaociosa.com . Ayer mismo se publicó el relato “Villaociosa enamorado (segunda parte). Un corazón en mil pedazos”.

Espero que os guste, y que os continúen entreteniendo las aventuras de este personaje del que ya he hablado aquí con anterioridad.

Que ustedes lo disfruten.

Written by juanjo escribano

junio 30th, 2011 at 4:53 pm

Otra pequeña aventura de Tomás Villaociosa

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Las aventuras de Tomas Villaociosa continúan con esta nueva entrega, que lleva por título “Villaociosa enamorado (primera parte)”.

Espero que os guste.

Enlaces:

Villaociosa enamorado (primera parte)
Las aventuras de Tomás Villaociosa de la Endrina

Extracto:

Si bien nuestro querido inspector siempre se ha debido, en cuerpo y alma, a la protección de la ciudadanía, siendo ésta su máxima aspiración en la vida, el amor ha tocado en varias ocasiones la puerta de Villaociosa, unas veces con más fortuna, otras con menos. La de hoy, es una historia de amor imposible, de anhelos inalcanzables, de desatada pasión muerta casi al punto de empezar

Written by juanjo escribano

junio 21st, 2011 at 5:17 pm

Don Tomás Villaociosa de la Endrina, para servirles

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Como muchos de vosotros ya sabéis, mi actividad literaria no se detiene, y poco a poco mi cabeza va generando nuevas ideas, nuevos personajes, algunos con más éxito, y otros con menos…

Durante el último año he trabajado, entre otros proyectos, en una obra de aventuras, cómica, divertida, donde los acontecimientos se desarrollan con rapidez y prima el estilo directo, el dialogo, sobre todas las cosas. Son las tan queridas aventuras de don Tomas Villaociosa de la Endrina.

Me atrevo a dirigirme a vosotros, en este rinconcito de Internet, para enseñaros parte de lo que será, espero, una nueva obra literaria que verá la luz, si el Destino no tuerce los planes, el año que viene. Entre tanto, y para ir abriendo boca, os presento a don Tomás Villaociosa de la Endrina, inspector del glorioso cuerpo de policía nacional, y excelente jugador de brisca.

Espero que os guste, y que sigáis a menudo las aventuras de tan peculiar personaje.

Enlace a la web del inspector don Tomás Villaociosa : www.tomasvillaociosa.com

 

Written by juanjo escribano

junio 13th, 2011 at 8:34 pm

Pagando

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La musiquilla rítmica, repetitiva, de la máquina tragaperras rompía el silencio del local. Detrás de la barra Eugenio, el dueño, sacaba los vasos aún húmedos del lavavajillas y los colocaba junto a los demás, en una fila más o menos ordenada, sobre una de las repisas ya atiborrada de otros vasos y jarras de cristal. En una pared, al fondo del bar, sobre una balda de madera sujeta por dos escuadras, en un viejo televisor encendido se podía ver, pero no escuchar, uno de esos documentales repletos de imágenes de hermosos bosques, y exóticos animales.

De una destartalada portezuela, también al fondo del bar, salía una mujer joven, de unos treinta años, vestida con una minifalda color negro, ajustada, muy corta, botas altas, hasta las rodillas, y un top blanco que dejaba entrever un sujetador del mismo tono.
- Niño -dijo la joven-, ponme otro botellín anda.
- Botellín para la princesa -Eugenio dejó los vasos, abrió la cámara refrigeradora, sacó una cerveza y la dejó sobre la barra. La chica cogió la botella, observó la boca cerrada, y a punto estuvo de decir algo, pero al ver a Eugenio volver con los vasos del lavaplatos decidió callarse. Cogió un encendedor que tenía junto a un paquete de tabaco y, haciendo palanca entre el mechero y su mano, hizo saltar la chapa. Apoyó la espalda sobre la barra, y se quedó mirando a la calle, con los ojos fijos en un charco sobre el que se veían las ondulaciones que las gotas de lluvia producían al caer.
- Jodido tiempo…
- Cuál, el de ahí fuera o el otro -respondió Andrés, otro de los parroquianos habituales del antro.
- Qué otro.
- Pues el otro… Qué otro va a ser… El que no es el de ahí fuera… El de los relojes…
- Ah, el tiempo.
- Pues eso, el tiempo.

De nuevo el silencio, sólo roto por la tragaperras, se adueñó de la estancia. Andrés terminó su bebida y Eugenio, que ya había terminado de colocar los vasos, le sirvió otra sin que éste dijera nada.
- ¿No hay mucho trabajo hoy, princesa?
- Nada, Andrés… Ya lo ves. Con este tiempo la gente prefiere quedarse en casa. Se apañan con una película y listos…
- Pues qué quieres que te diga, donde estén las carnes de una jovencita que se quiten las películas, los apaños y toda esa mierda. Eso para los adolescentes, que van ciegos de ver culos todo el día…
- Ya… Y luego está el Internet ese… Allí se ponen las botas también… Y yo aquí… Jodido tiempo…

Otra vez el silencio.
- Oye…
- Qué…
- Si no tienes cliente, podrías subirte un rato a mi casa…

La mujer miró a Andrés durante dos segundos, y volvió a fijarse en el charco. Ahora llovía algo más fuerte.
- Ya. Y lo querrás gratis, ¿verdad?
- Son muchos años, princesa… Hace mucho que no…
- ¿Ves, Eugenio? -dijo dirigiéndose al camarero-. A esto me refiero. Andrés me quiere gratis, pero a ti los güisquis te los paga todos.
- O paga o no bebe. Aquí no se fía -respondió el camarero, mientras pasaba un paño húmedo por la barra.
- Ya lo has oído. Si no pagas no bebes, ni follas…
- Bah… Que os jodan…
- Si es pagando…

Andrés dejó un billete de veinte sobre la barra, de mala gana. Se levantó del taburete donde estaba sentado, y se dirigió a la puerta. Desde el umbral se quedó observando la calle, vacía a pesar de lo temprano del la hora. Se giró al interior.
- Vamos, princesa.
- ¿A dónde?
- A dónde va a ser. A mi casa…
- Pagando…
- Pagando…

La joven salió del bar, pasando junto a Andrés, que la esperaba en la puerta. Él la rodeó con su brazo, y los dos desaparecieron de la vista de Eugenio en una carrera desesperada hacia ese lugar lleno de dolor, soledad y angustia. En el bar, el camarero cogió el dinero de la barra y lo guardó en la vieja máquina registradora. Aquella era toda la ganancia del día. Después cogió un trapo húmedo, y comenzó a limpiar la cafetera.

Written by juanjo escribano

junio 3rd, 2011 at 6:19 pm

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Personas y “personos”

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Llevo tiempo barruntando estas letras que aquí dejo, y es que el tema es peliagudo y de órdago. Resulta que está de moda, lo ha puesto de moda algún necio mequetrefe desde las alturas, desde hace tiempo que el habla, la lengua, debe ser igualitaria y no excluyente de género alguno. Vamos, que tenemos que ir por la vida hablando de miembros y miembras, de alumnos y alumnas, de trabajadores y trabajadoras y, por supuesto, de personas y personos.

Más allá de que la RAE deja bien claro que en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no sólo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos…, y un poco después alega que a pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos… Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva…, y acaba con …por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática, más allá, como digo, de que la gramática española ya prevé esta situación, imagino lo que dirían los más geniales literatos de la historia si, para evitar la discriminación de género en la lengua, tuvieran que modificar sus textos.

Así, nuestro querido Miguel Hernández debería escribir de nuevo su genial “Aceituneros”, que pasaría de tener esta pinta:

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?

a esta otra:

Andaluces y andaluzas de Jaén,
aceituneros y aceituneras altivos y altivas,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos? (y ganas me dan de acabar con “las olivas?”).

Y el gigante Luis Cernuda debería cambiar algunas de sus estrofas, y donde dijo

Triste sino nacer
con algún don ilustre
aquí, donde los hombres
en su miseria sólo saben
el insulto, la mofa, el recelo profundo
ante aquel que ilumina las palabras opacas
por el oculto fuego originario.

Debería, seguro, haber dicho

Triste sino nacer
con algún don ilustre
aquí, donde los hombres y las mujeres
en su miseria sólo saben
el insulto, la mofa, el recelo profundo
ante aquel que ilumina las palabras opacas
por el oculto fuego originario.

Y claro, Lope no se escapa… donde dijo

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Debería decir

¿A quién no dará cuidado,
si es español o española verdadero o verdadera,
ver los hombres y las mujeres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Y así, en una larga cadena de lo que, según parece, es la más desafortunada literatura de la historia, por machista, antisocial, retrógrada y desgraciada en general… Y no sólo hablo de poesía, que nuestra prosa, tan vasta, rica y de calidad, también se ve tristemente perjudicada por tan horrendo agravio… Lo que hay que oír…

Y digo yo, ¿de verdad no hay otro campo de batalla en el que librar absurdas guerras, sin sentido y desproporcionadas, que el de nuestra lengua, que es sin duda lo más grande que España tiene, por historia y belleza literaria? ¿Es que acaso no sabemos mantener ni lo que funciona? Mucho hay por hacer, mucho trabajo, mucho esfuerzo que dedicar en asuntos de igualdad de género, no me cabe duda. Pero en esta batalla, amigos míos, en la batalla de la lengua, estoy de la otra parte… De parte de Cervantes, de Lope, de Góngora, de Quevedo, de Dámaso Alonso, de Miguel Hernández, de García Lorca, de Borges, Cortázar, Neruda, Emilia Pardo Bazán… Estoy de parte de la Literatura, le pese a quien le pese.

Valga pues esta exageración que aquí expongo para dar a entender mi postura, si es que a alguien le importa. Más nos valdría a todos (sí, a todos, no a todos y a todas) escoger mejores campos de batalla…

Written by juanjo escribano

mayo 9th, 2011 at 4:18 pm

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No pienses demasiado

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La calle es muy dura… Te hace pensar mucho… Yo ya no pienso, dice, y clava su mirada en algún punto entre el banco en el que permanece sentado y la pared. Unos roídos calcetines cubren sus pies, sin zapatos. Me los han robado, comenta con pena. ¿Para venderlos?, pregunto inocente. Eso no lo pueden vender… Si estaban destrozados… Para joder, lo hacen para joder, responde.

Tiene su casa (unas mantas tiradas en el suelo) en una calle poco transitada, frente al bar en el que estuvo trabajando durante quince años. Me comenta que tiene ganas de dormir, pero que los del bar no le dejan porque da mala imagen, así que tiene que esperar en ese banco hasta que el tugurio eche el cierre. Además es día de partido y cerrarán más tarde. Ha ganado el Barcelona, comenta alegre. Yo lo prefiero. A mí los otros, los del Madrid no me gustan… Iniesta, ese chico sí que vale… Tiene una peña en Talavera, yo le conozco… Coge el cartón de vino blanco que tiene a su lado y bebe de la abertura que ha hecho en una de las solapas del envase. Un hilillo de vino le recorre la barba. Se limpia con la manga. A ver si alguno de estos me da un cigarro…. No hay suerte. Ni le miran.

¿Me haces un favor? ¿Me alcanzas mi abrigo? Está ahí, en mi cama, dice, y señala las mantas que hay frente al bar, sobre las que se intuye un viejo chaquetón arrugado. Se lo acerco, y se cubre con él, a modo de manta. Oye, ¿y por qué en esta calle?, pregunto curioso. Aquí he estado toda la vida. Nací aquí…, responde. Aquí me hicieron, sonríe. Y ahora mira, doy mala imagen. Es por la barba, ¿sabes? Los que llevamos barba tenemos mal aspecto. Mira, tú también llevas barba, me mira mesándose los pelos de la cara y ríe irónico.

Alguien pasa cerca, y en un giro de la conversación me habla de los jóvenes, que se ponen de todo hasta arriba… yo ahora le doy al vino, asegura, y le da otro trago al cartón. Yo prefiero la cerveza, respondo. Sí… en verano una cañita está bien…

No le pregunto su nombre, ni a él parece interesarle el mío. Poco a poco la charla va llegando a su final. Le voy a dejar, que tengo que subirme para arriba… Por que subirme para abajo está complicado, bromeo. Vete para abajo, que te cansas menos, responde. Al final todos acabamos abajo, zanjo. Ea, pues le dejo. Me voy. Ha sido un placer, me despido. Igualmente hombre… Y muchas gracias por acercarme la chaqueta. Me voy alejando mientras le digo que no se merecen.

Estoy ya a varios metros de distancia cuando escucho y no piensas demasiado… Me giro y sonrío. A lo mejor tiene razón…

Written by juanjo escribano

abril 14th, 2011 at 8:46 am

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Belleza y dulzura en la literatura

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… Solamente quiero decir que el poeta que hiciere dulces sus versos con la moción de afectos, habrá dado en el blanco y en el punto principal del deleite poético, y que la dulzura de los versos encubrirá muchas faltas a la belleza. Bien es verdad que si éstas fueran tales y tantas que oprimiesen la dulzura, en tal caso, como la conmoción interrumpida y debilitada por lo afectado y artificioso de la belleza no será bastante para que el corazón se niegue a la oposición del entendimiento, será preciso ceder a la razón y desaprobar una dulzura tan defectuosa.

Ignacio Luzán. La poética o reglas de poesía en general y de sus principales especies (extracto del libro II, capítulo IV. Del deleite poético y de sus dos principios: belleza y dulzura).

Diferencia Luzán, recuperando el pensamiento clásico, la belleza y la dulzura en la poesía, y por extensión de la palabra en toda la obra literaria. Si bien la belleza se explica por la energía, la brevedad, la claridad, la utilidad o, en general, por la luz que da brillo a la verdad del texto, la dulzura se explica por los sentimientos y afectos que el mismo provoca en nosotros. Qué gran verdad me parece ésta, pues ¿no es bien cierto que incluso la obra mejor ejecutada, verso o prosa, nos pasa desapercibida si no es capaz de remover los más profundos cimientos de nuestro espíritu, de nuestra emoción?

Evidente es que, como acierta Luzán, la dulzura no será suficiente para obrar el milagro poético, pero será necesaria, de un peso tal como la belleza. Qué puedo esperar de mi obra si soy incapaz hacerte sentir, de modificar tu ánimo, de arrancarte del reposo de lector y llevarte donde quiero, de hacer, al fin, poesía.

Written by juanjo escribano

marzo 21st, 2011 at 10:01 pm

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El Bosque

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Y por fin, tras varios meses de trabajo entre ensayos, rodajes a bajas temperaturas y montaje, ha nacido nuestro primer cortometraje. El Bosque es uno de esos proyectos que, siendo amateur, enfocas de la manera más profesional posible. Sobra decir que los medios con los que hemos contado no han sido excesivos, pero la ilusión y las ganas de haceros pasar un buen rato (doce minutos y cuatro segundos, más concretamente) han podido más que todo lo demás.

El Bosque está basado en un relato con el mismo nombre, escrito en 2005 y publicado en Días, Ediciones Antígona, en 2010, y fue rodada entre octubre y noviembre de 2010, en Valsaín. Ignacio Vivanco dirige con acierto su primer corto que seguro será el primero de muchos… De momento os anticipo que ya estamos trabajando en el siguiente.

Y sin más preámbulo, dejemos que la obra hable por sí misma. Os presento : El Bosque

El Bosque from Viv&Co. on Vimeo.

Written by juanjo escribano

marzo 14th, 2011 at 10:07 am

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Sin ti, yo no soy yo.

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¿Por qué escribes? Es la pregunta que todo aquel que se adentra en el doloroso bello mundo de la literatura recibe varias veces en la vida, disparada a veces casi a quemarropa, tratando de hacer desbarajuste tal en las ideas del pobre autor que casi hubiera preferido no escribir aquel primer relato, maldito sea esté donde esté.

Escribo, sí. Escribo e invento historias, cuentos, fábulas, argumentos que salen de lo más profundo de mi cabeza, y que doy vida, con mayor o menor éxito, a base de palabras, frases y composiciones, más o menos complejas. Y, ¿por qué escribo?

Yo también me lo pregunto a veces. ¿Por qué escribo? ¿Para quién escribo? Sartre lo deja bien claro en su obra ¿Qué es la literatura? No se escribe para uno mismo. Se necesita al lector. No hay arte nada más que por y para otro. Y yo, tal vez urgido por la necesidad de encontrar una respuesta, no puedo evitar acogerme al filósofo, agarrarme a sus palabras, asirme a sus verdades, arroparme con las mantas de su gran verdad. Escribo para ti. Es verdad. No escribo para mí, ni para dejar un montón de hojas en un polvoriento baúl, en el desván de una destartalada vieja casa que ni siquiera es mía. Escribo para que lo leas. Sin ti, lector, nada de esto tiene sentido.

Cuando me siento delante del teclado, con la compañía de unos personajes que acabo de inventar, no espero otra cosa que saber conducirlos con arte, con elegancia y tino hasta el centro de una diana que imagino dibujada en tu corazón, en lo más profundo de tu ser. A veces acierto, y otras fallo. Pero todas, créeme, todas las flechas vuelan directas a ti. Busco herirte, hacerte daño, provocarte risas. Quiero que ames al bueno, y que odies al malo. Que te rías con el gracioso, y que dudes con el raro. Quiero que mis personajes te acompañen desde la primera palabra hasta la última. Quiero que te creas mi fábula, aunque los ratones hablen. Y quiero que te encuentres conmigo en ese pedacito de texto donde, ya lo sabes, te espero siempre.

Así que, si algún día quieres saber por qué escribo, sólo tienes que leer. Sin ti no hay relato. Sin ti no hay libro. Sin ti, lector, yo no soy yo.

Written by juanjo escribano

marzo 7th, 2011 at 6:10 pm

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Dulcinea

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No se puede escribir sin amar a Dulcinea. O haberla deseado, haber añorado tenerla entre tus brazos, sostener su mirada en la quietud de la noche, aniquilar las oscuras sombras de una habitación con el cálido fuego de su pecho, sentir el dulce torrente fluir suavemente entre dos cuerpos pegados, inseparables, eternos. No se puede vivir sin amar, al menos una vez, a Dulcinea.

Causa primera, última razón al fin y al cabo. Él lo sabía, y por eso la amaba. La imaginó cada noche, luchó por ella, se enfrentó a terribles gigantes, temibles enemigos, horribles pesadillas que invadían, vigilantes, sus sueños. Amaba a Dulcinea. Amó a Dulcinea.

Ella existe, tan real como necesaria. ¿Cómo cabalgar cada jornada, escribir un párrafo, sentir un verso, si no es por Dulcinea? No se puede vivir sin amar a Dulcinea. No puedo escribir sin amar a Dulcinea.

Written by juanjo escribano

febrero 3rd, 2011 at 7:39 pm

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