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Archive for the ‘batiburrillo’ Category

Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

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Ha pasado ya más de un año desde que escribiera unas líneas dedicadas al amor en la literatura, aquella tarde de noviembre. Mencioné a Neruda, hablé de Bécquer, incluso cité a la mismísima RAE, que se atrevía, y se atreve, a hablar de sentimiento intenso del ser humano, tratando de explicar con unas escasas palabras acertadas una certeza que tal vez sea inexplicable, al fin y al cabo.

En estas lides andaba yo, buscando en la literatura ese algo más que nos hace hombres, un paso más allá del sapiens sapiens, cuando me reencontré, qué suerte la mía, con este soneto de nuestro querido Francisco de Quevedo, que tituló “Amor constante más allá de la muerte”:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Decidme, amigos. ¿No son estos catorce endecasílabos, que forman soneto, unos de los más bellos jamás escritos? Nos habla el maestro Quevedo del amor puro, verdadero, que atraviesa la muerte; de la cálida llama que, aún en la más fría noche del alma, en su último suspiro, permanece viva, ajena a las putrefacciones carnales.

Qué hermosura, qué belleza en catorce versos. Qué lección para los que intentamos hacer literatura. Qué inalcanzable genio el de don Francisco. Tal vez debiera la RAE rendirse, y acabar sustituyendo la definición de amor por esta genialidad que será, seguro, eterna.

Written by juanjo escribano

noviembre 28th, 2011 at 6:52 pm

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Cool mola, es guay

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Decir cool es guay, es decir, que mola, o sea, es cool. Ya no se dice guay, porque guay no es cool, vamos, que no mola. Y tampoco molar mola, no es cool. Decir molar, me refiero. Es mucho mejor decir cool, que es más guay.

Tampoco es moderno decir moderno, porque no es cool, ni siquiera es lo más in. Si no es cool, no es moderno, ni actual. Por supuesto, si no es cool no mola, ni es guay. Porque aunque fuera guay, podría no molar si no fuera cool, así que, según parece, ser cool es básico para ser moderno, o cool. Pero no guay, ni molón, porque siendo guay o molón no eres cool. Incluso eres algo retro, desfasado, en fin, no eres cool.

Total, que hay que ser cool para decir cool, porque guay ya no mola, y molar no es cool.

¿Y usted es cool o guay? No me diga que no mola.

Written by juanjo escribano

noviembre 2nd, 2011 at 4:03 pm

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Dichosa literatura dichosa

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Hace años, muchos años, la literatura era eminentemente oral. Pocos eran los dichosos que sabían leer, y muchos menos los que sabían escribir, así que los escritores, los juglares, los trovadores, iban de pueblo en pueblo ganándose la vida recitando, interpretando los textos que ellos mismos, u otras personas, habían escrito.

Hoy, salvo algunas excepciones, la mayoría de la población sabe leer, y puede disfrutar del proceso de lectura, que se ha convertido en una acción solitaria, individual y, normalmente, silenciosa.

Pero ocurre que, a veces, los escritores sentimos la necesidad de ser juglares de nuestra propia obra, y necesitamos leerla, recitarla, interpretarla (y me consta que hasta cantarla) para que vosotros, lectores, seáis espectadores de la obra. Y eso es lo que va a ocurrir el próximos jueves, 7 de julio de 2011, en la taberna La Dichosa, en Madrid. Ese jueves, amigos míos, a eso de las 19:30, y en la citada taberna, leeré parte de mi obra para todos los que queráis pasar un rato escuchándome.

Leeré relatos de Días, y algunos relatos y poemas no editados hasta el momento, y aprovecharé, siempre que vosotros queráis, y en la medida que lo deseéis, para mantener una charla distendida con el público.

Os espero.

Lugar: Taberna La Dichosa. Calle Bernardo López García, 11.
Día y hora: Jueves, 7 de julio de 2011, a las 19:30.

Mapa del sitio:


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Written by juanjo escribano

julio 4th, 2011 at 2:43 pm

Pagando

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La musiquilla rítmica, repetitiva, de la máquina tragaperras rompía el silencio del local. Detrás de la barra Eugenio, el dueño, sacaba los vasos aún húmedos del lavavajillas y los colocaba junto a los demás, en una fila más o menos ordenada, sobre una de las repisas ya atiborrada de otros vasos y jarras de cristal. En una pared, al fondo del bar, sobre una balda de madera sujeta por dos escuadras, en un viejo televisor encendido se podía ver, pero no escuchar, uno de esos documentales repletos de imágenes de hermosos bosques, y exóticos animales.

De una destartalada portezuela, también al fondo del bar, salía una mujer joven, de unos treinta años, vestida con una minifalda color negro, ajustada, muy corta, botas altas, hasta las rodillas, y un top blanco que dejaba entrever un sujetador del mismo tono.
- Niño -dijo la joven-, ponme otro botellín anda.
- Botellín para la princesa -Eugenio dejó los vasos, abrió la cámara refrigeradora, sacó una cerveza y la dejó sobre la barra. La chica cogió la botella, observó la boca cerrada, y a punto estuvo de decir algo, pero al ver a Eugenio volver con los vasos del lavaplatos decidió callarse. Cogió un encendedor que tenía junto a un paquete de tabaco y, haciendo palanca entre el mechero y su mano, hizo saltar la chapa. Apoyó la espalda sobre la barra, y se quedó mirando a la calle, con los ojos fijos en un charco sobre el que se veían las ondulaciones que las gotas de lluvia producían al caer.
- Jodido tiempo…
- Cuál, el de ahí fuera o el otro -respondió Andrés, otro de los parroquianos habituales del antro.
- Qué otro.
- Pues el otro… Qué otro va a ser… El que no es el de ahí fuera… El de los relojes…
- Ah, el tiempo.
- Pues eso, el tiempo.

De nuevo el silencio, sólo roto por la tragaperras, se adueñó de la estancia. Andrés terminó su bebida y Eugenio, que ya había terminado de colocar los vasos, le sirvió otra sin que éste dijera nada.
- ¿No hay mucho trabajo hoy, princesa?
- Nada, Andrés… Ya lo ves. Con este tiempo la gente prefiere quedarse en casa. Se apañan con una película y listos…
- Pues qué quieres que te diga, donde estén las carnes de una jovencita que se quiten las películas, los apaños y toda esa mierda. Eso para los adolescentes, que van ciegos de ver culos todo el día…
- Ya… Y luego está el Internet ese… Allí se ponen las botas también… Y yo aquí… Jodido tiempo…

Otra vez el silencio.
- Oye…
- Qué…
- Si no tienes cliente, podrías subirte un rato a mi casa…

La mujer miró a Andrés durante dos segundos, y volvió a fijarse en el charco. Ahora llovía algo más fuerte.
- Ya. Y lo querrás gratis, ¿verdad?
- Son muchos años, princesa… Hace mucho que no…
- ¿Ves, Eugenio? -dijo dirigiéndose al camarero-. A esto me refiero. Andrés me quiere gratis, pero a ti los güisquis te los paga todos.
- O paga o no bebe. Aquí no se fía -respondió el camarero, mientras pasaba un paño húmedo por la barra.
- Ya lo has oído. Si no pagas no bebes, ni follas…
- Bah… Que os jodan…
- Si es pagando…

Andrés dejó un billete de veinte sobre la barra, de mala gana. Se levantó del taburete donde estaba sentado, y se dirigió a la puerta. Desde el umbral se quedó observando la calle, vacía a pesar de lo temprano del la hora. Se giró al interior.
- Vamos, princesa.
- ¿A dónde?
- A dónde va a ser. A mi casa…
- Pagando…
- Pagando…

La joven salió del bar, pasando junto a Andrés, que la esperaba en la puerta. Él la rodeó con su brazo, y los dos desaparecieron de la vista de Eugenio en una carrera desesperada hacia ese lugar lleno de dolor, soledad y angustia. En el bar, el camarero cogió el dinero de la barra y lo guardó en la vieja máquina registradora. Aquella era toda la ganancia del día. Después cogió un trapo húmedo, y comenzó a limpiar la cafetera.

Written by juanjo escribano

junio 3rd, 2011 at 6:19 pm

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No pienses demasiado

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La calle es muy dura… Te hace pensar mucho… Yo ya no pienso, dice, y clava su mirada en algún punto entre el banco en el que permanece sentado y la pared. Unos roídos calcetines cubren sus pies, sin zapatos. Me los han robado, comenta con pena. ¿Para venderlos?, pregunto inocente. Eso no lo pueden vender… Si estaban destrozados… Para joder, lo hacen para joder, responde.

Tiene su casa (unas mantas tiradas en el suelo) en una calle poco transitada, frente al bar en el que estuvo trabajando durante quince años. Me comenta que tiene ganas de dormir, pero que los del bar no le dejan porque da mala imagen, así que tiene que esperar en ese banco hasta que el tugurio eche el cierre. Además es día de partido y cerrarán más tarde. Ha ganado el Barcelona, comenta alegre. Yo lo prefiero. A mí los otros, los del Madrid no me gustan… Iniesta, ese chico sí que vale… Tiene una peña en Talavera, yo le conozco… Coge el cartón de vino blanco que tiene a su lado y bebe de la abertura que ha hecho en una de las solapas del envase. Un hilillo de vino le recorre la barba. Se limpia con la manga. A ver si alguno de estos me da un cigarro…. No hay suerte. Ni le miran.

¿Me haces un favor? ¿Me alcanzas mi abrigo? Está ahí, en mi cama, dice, y señala las mantas que hay frente al bar, sobre las que se intuye un viejo chaquetón arrugado. Se lo acerco, y se cubre con él, a modo de manta. Oye, ¿y por qué en esta calle?, pregunto curioso. Aquí he estado toda la vida. Nací aquí…, responde. Aquí me hicieron, sonríe. Y ahora mira, doy mala imagen. Es por la barba, ¿sabes? Los que llevamos barba tenemos mal aspecto. Mira, tú también llevas barba, me mira mesándose los pelos de la cara y ríe irónico.

Alguien pasa cerca, y en un giro de la conversación me habla de los jóvenes, que se ponen de todo hasta arriba… yo ahora le doy al vino, asegura, y le da otro trago al cartón. Yo prefiero la cerveza, respondo. Sí… en verano una cañita está bien…

No le pregunto su nombre, ni a él parece interesarle el mío. Poco a poco la charla va llegando a su final. Le voy a dejar, que tengo que subirme para arriba… Por que subirme para abajo está complicado, bromeo. Vete para abajo, que te cansas menos, responde. Al final todos acabamos abajo, zanjo. Ea, pues le dejo. Me voy. Ha sido un placer, me despido. Igualmente hombre… Y muchas gracias por acercarme la chaqueta. Me voy alejando mientras le digo que no se merecen.

Estoy ya a varios metros de distancia cuando escucho y no piensas demasiado… Me giro y sonrío. A lo mejor tiene razón…

Written by juanjo escribano

abril 14th, 2011 at 8:46 am

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El Bosque

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Y por fin, tras varios meses de trabajo entre ensayos, rodajes a bajas temperaturas y montaje, ha nacido nuestro primer cortometraje. El Bosque es uno de esos proyectos que, siendo amateur, enfocas de la manera más profesional posible. Sobra decir que los medios con los que hemos contado no han sido excesivos, pero la ilusión y las ganas de haceros pasar un buen rato (doce minutos y cuatro segundos, más concretamente) han podido más que todo lo demás.

El Bosque está basado en un relato con el mismo nombre, escrito en 2005 y publicado en Días, Ediciones Antígona, en 2010, y fue rodada entre octubre y noviembre de 2010, en Valsaín. Ignacio Vivanco dirige con acierto su primer corto que seguro será el primero de muchos… De momento os anticipo que ya estamos trabajando en el siguiente.

Y sin más preámbulo, dejemos que la obra hable por sí misma. Os presento : El Bosque

El Bosque from Viv&Co. on Vimeo.

Written by juanjo escribano

marzo 14th, 2011 at 10:07 am

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Sin ti, yo no soy yo.

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¿Por qué escribes? Es la pregunta que todo aquel que se adentra en el doloroso bello mundo de la literatura recibe varias veces en la vida, disparada a veces casi a quemarropa, tratando de hacer desbarajuste tal en las ideas del pobre autor que casi hubiera preferido no escribir aquel primer relato, maldito sea esté donde esté.

Escribo, sí. Escribo e invento historias, cuentos, fábulas, argumentos que salen de lo más profundo de mi cabeza, y que doy vida, con mayor o menor éxito, a base de palabras, frases y composiciones, más o menos complejas. Y, ¿por qué escribo?

Yo también me lo pregunto a veces. ¿Por qué escribo? ¿Para quién escribo? Sartre lo deja bien claro en su obra ¿Qué es la literatura? No se escribe para uno mismo. Se necesita al lector. No hay arte nada más que por y para otro. Y yo, tal vez urgido por la necesidad de encontrar una respuesta, no puedo evitar acogerme al filósofo, agarrarme a sus palabras, asirme a sus verdades, arroparme con las mantas de su gran verdad. Escribo para ti. Es verdad. No escribo para mí, ni para dejar un montón de hojas en un polvoriento baúl, en el desván de una destartalada vieja casa que ni siquiera es mía. Escribo para que lo leas. Sin ti, lector, nada de esto tiene sentido.

Cuando me siento delante del teclado, con la compañía de unos personajes que acabo de inventar, no espero otra cosa que saber conducirlos con arte, con elegancia y tino hasta el centro de una diana que imagino dibujada en tu corazón, en lo más profundo de tu ser. A veces acierto, y otras fallo. Pero todas, créeme, todas las flechas vuelan directas a ti. Busco herirte, hacerte daño, provocarte risas. Quiero que ames al bueno, y que odies al malo. Que te rías con el gracioso, y que dudes con el raro. Quiero que mis personajes te acompañen desde la primera palabra hasta la última. Quiero que te creas mi fábula, aunque los ratones hablen. Y quiero que te encuentres conmigo en ese pedacito de texto donde, ya lo sabes, te espero siempre.

Así que, si algún día quieres saber por qué escribo, sólo tienes que leer. Sin ti no hay relato. Sin ti no hay libro. Sin ti, lector, yo no soy yo.

Written by juanjo escribano

marzo 7th, 2011 at 6:10 pm

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Dulcinea

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No se puede escribir sin amar a Dulcinea. O haberla deseado, haber añorado tenerla entre tus brazos, sostener su mirada en la quietud de la noche, aniquilar las oscuras sombras de una habitación con el cálido fuego de su pecho, sentir el dulce torrente fluir suavemente entre dos cuerpos pegados, inseparables, eternos. No se puede vivir sin amar, al menos una vez, a Dulcinea.

Causa primera, última razón al fin y al cabo. Él lo sabía, y por eso la amaba. La imaginó cada noche, luchó por ella, se enfrentó a terribles gigantes, temibles enemigos, horribles pesadillas que invadían, vigilantes, sus sueños. Amaba a Dulcinea. Amó a Dulcinea.

Ella existe, tan real como necesaria. ¿Cómo cabalgar cada jornada, escribir un párrafo, sentir un verso, si no es por Dulcinea? No se puede vivir sin amar a Dulcinea. No puedo escribir sin amar a Dulcinea.

Written by juanjo escribano

febrero 3rd, 2011 at 7:39 pm

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Junto a este río

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Me voy a sentar aquí, tranquilo, en la orillita de este río.
Contigo.
Y dejaré pasar el tiempo, el agua correr.
Aquí, en calma, junto a este río.
Ven. Siéntate un rato a mi lado. Deja pasar el tiempo, mira el agua correr.
Junto a este río.
Tranquilo.
Conmigo.

Written by juanjo escribano

enero 13th, 2011 at 11:22 am

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I Jornada literaria organizada por Ediciones Antígona

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La editorial Antígona organiza la primera jornada literaria orientada a escritores noveles en su nueva sede de la calle Prim, número 15. Se trata de un encuentro de nuevos escritores, una tertulia literaria en un ambiente distendido donde podréis (podremos) hablar de lo que más nos gusta: literatura. También podéis aprovechar para enseñar vuestros textos a la editorial, que serán bienvenidos.

En este primer encuentro yo mismo romperé el hielo presentando mi obra Días, editada en 2010 por la propia editorial Antígona, en su colección Kairós.

Si estás interesado, aquí tienes más información. Iré actualizando la información en este blog. Espero veros por allí a todos.

Un abrazo

Actualización: Ya tenemos fecha para la jornada literaria. Será el 11 de febrero a las 19:00h en la sede de la editorial (Calle Prim, número 15, en Madrid). Copio literalmente el mensaje de la editorial al respecto:

Este encuentro está pensado para todos aquellos que, siendo escritores o no, quieran establecer un punto de encuentro para debatir y poner en común temas relacionados con la literatura, y busquen un espacio creativo para compartir lecturas y textos. Inscríbete de forma gratuita en eventos@edicionesantigona.com

Written by juanjo escribano

diciembre 22nd, 2010 at 10:15 am

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