La esquela
No intentaré ocultar aquí un vicio que poseo desde hace muchos años, uno de esos vicios que sólo mis amigos más cercanos conocen. Me avergüenza reconocerlo, pero es necesario contarlo para entender el resto de mi historia: adoro leer las esquelas del periódico cada día.
Recuerdo que la primera vez que lo hice debía contar diez años. Mi padre, al que recuerdo como un gran hombre, culto e inteligente, solía leer la prensa durante el desayuno. Después dejaba el ejemplar del día encima de la mesita de la sala de estar. Jamás me dijo nada, pero ahora yo intuyo que en el fondo deseaba que adquiriera sus mismos hábitos. Yo aún era joven, y no comprendía la importancia de las noticias que leía, y tal vez por eso me fijaba más en lo poco que sí lograba comprender. Aquellas fúnebres palabras, aquellos textos de muerte, aquellas cortas oraciones de despedida, eso sí lo comprendía. Sabía que detrás de los nombres había una vida, o mejor dicho una muerte.
Poco a poco, aquella curiosidad infantil se convirtió en pasión. Jamás dejé de leer las esquelas, he leído todas las esquelas de cada periódico que ha caído en mis manos desde que era un chiquillo. En cierto modo comprendo a mi mujer cuando dice que parece más una obsesión que una pasión. Es posible. Tal vez tenga que ver, y ésta es una conclusión a la que he llegado hace poco, con el pánico que tengo a morir. No quiero morir. No me importa en absoluto ver la muerte en otros rostros, o en los nombres que leo en el papel, pero cuando pienso en que algún día la rotativa imprimirá mi nombre, tiemblo como un colegial.
Sin duda fue este miedo el que me provocó la crisis nerviosa cuando, por equivocación, leí mi nombre en una esquela, aquella mañana de abril. Era evidente que se trataba de un error, dado lo absurdo que resulta que uno mismo lea su propia esquela, pero aún así no pude evitar que mi frágil corazón se acelerara en demasía.
Tardé un par de horas en recuperarme, tal era mi miedo a morir. Cuando me hube repuesto del susto, no dudé ni un segundo en buscar el teléfono de la redacción del periódico que había cometido el error, con la idea de solucionarlo cuanto antes. De nuevo mi corazón volvió a latir con fuerza cuando la voz al otro lado de la línea me aseguró que no había ningún error. Según aquella voz, por desgracia, el sujeto había fallecido hacía dos días en un trágico accidente de tráfico. Esa era, al menos, la información que manejaban.
Evidentemente debía tratarse de una broma pesada, pensé. Con seguridad mi mujer tenía algo que ver en aquel asunto. Recordé que mi mujer había salido aquella mañana, y salí a la calle en su busca. Aquella pesada broma tenía que acabar. Me dirigí a casa de su hermana, que vivía dos calles más abajo, y donde las dos solían pasar las mañanas. Crucé la calle enfadado, y fue entonces cuando me topé de frente con la comitiva fúnebre. El féretro era empujado por varios amigos míos y algunos vecinos, seguido de cerca por mi esposa, que lloraba desconsolada, su hermana, y mi familia más cercana. Por detrás caminaban varios conocidos más, todos ellos con caras tristes.
Aquella broma había pasado de castaño oscuro. Repleto de ira, me paré frente al féretro, obligando a detenerse a la comitiva. Uno de mis amigos, extrañado, se adelantó y me pidió, por favor, que me apartara para que el muerto pudiera llegar al cementerio, y obtener así su merecido descanso. Fuera de mí, aseguré que allí no había ningún muerto, y que aquello debía finalizar enseguida. Como viera que nadie decía nada, y que mi exasperación iba en aumento, hasta el punto de ser casi insoportable, me dirigí al ataúd, y de una patada retiré la tapa, intentando así acabar con aquella farsa. En el silencio de la escena casi se podía escuchar el latido de mi corazón, que se aceleraba cada segundo que observaba mi cuerpo inerte, sin vida, dentro del féretro, muerto.

Puff… lo leía y mi corazón latía más fuerte a cada linea.
Te felicito, sin duda alguna, este relato está escrito exquisitamente..
Un saludo.
eigual
21 jun 10 at 7:21
[...] This post was mentioned on Twitter by Laura Montero, Juanjo Escribano. Juanjo Escribano said: Os regalo un relatillo… a ver si os gusta: http://bit.ly/aJWdDU [...]
Tweets that mention La esquela at juanjoescribano.es -- Topsy.com
21 jun 10 at 7:42