Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)
Ha pasado ya más de un año desde que escribiera unas líneas dedicadas al amor en la literatura, aquella tarde de noviembre. Mencioné a Neruda, hablé de Bécquer, incluso cité a la mismísima RAE, que se atrevía, y se atreve, a hablar de sentimiento intenso del ser humano, tratando de explicar con unas escasas palabras acertadas una certeza que tal vez sea inexplicable, al fin y al cabo.
En estas lides andaba yo, buscando en la literatura ese algo más que nos hace hombres, un paso más allá del sapiens sapiens, cuando me reencontré, qué suerte la mía, con este soneto de nuestro querido Francisco de Quevedo, que tituló “Amor constante más allá de la muerte”:
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Decidme, amigos. ¿No son estos catorce endecasílabos, que forman soneto, unos de los más bellos jamás escritos? Nos habla el maestro Quevedo del amor puro, verdadero, que atraviesa la muerte; de la cálida llama que, aún en la más fría noche del alma, en su último suspiro, permanece viva, ajena a las putrefacciones carnales.
Qué hermosura, qué belleza en catorce versos. Qué lección para los que intentamos hacer literatura. Qué inalcanzable genio el de don Francisco. Tal vez debiera la RAE rendirse, y acabar sustituyendo la definición de amor por esta genialidad que será, seguro, eterna.
Teaser del nuevo corto: Olvidando una vida
Tengo el gusto de presentaros un avance del nuevo cortometraje en el que hemos estado trabajando los últimos meses, titulado Olvidando una vida. Como ocurrió con el anterior (El bosque), está basado en un relato de Días (dos relatos, para ser sinceros), aunque esta vez la adaptación tiene bastantes más cambios que el original. Personalmente os diré que me está encantando el resultado, y espero que a vosotros también os guste.
Aquí el teaser, para abrir el apetito.
Olvidando una vida (teaser) from Viv&Co. on Vimeo.
Un saludo.
Enlace relacionado: teaser Olvidando una vida
Cool mola, es guay
Decir cool es guay, es decir, que mola, o sea, es cool. Ya no se dice guay, porque guay no es cool, vamos, que no mola. Y tampoco molar mola, no es cool. Decir molar, me refiero. Es mucho mejor decir cool, que es más guay.
Tampoco es moderno decir moderno, porque no es cool, ni siquiera es lo más in. Si no es cool, no es moderno, ni actual. Por supuesto, si no es cool no mola, ni es guay. Porque aunque fuera guay, podría no molar si no fuera cool, así que, según parece, ser cool es básico para ser moderno, o cool. Pero no guay, ni molón, porque siendo guay o molón no eres cool. Incluso eres algo retro, desfasado, en fin, no eres cool.
Total, que hay que ser cool para decir cool, porque guay ya no mola, y molar no es cool.
¿Y usted es cool o guay? No me diga que no mola.
Entrevista en Ediciones Antígona
Aquí podéis ver la entrevista que Ediciones Antígona me hizo, y que ha publicado en la página web de la editorial. Espero que os resulte interesante.
Por cierto, las aventuras de Tomas Villaociosa saldrán, si todo marcha bien, a principios de 2012.
Un abrazo.
Enlaces:
Entrevista a Juanjo Escribano : http://www.edicionesantigona.es/index.php/es/prensa/entrevistas/a-juanjo-escribano
Las aventuras de Tomás Villaociosa : http://www.tomasvillaociosa.com/
Más aventuras de Tomás Villaociosa
Aquí os dejo una nueva aventura de nuestro querido Tomas Villaociosa de la Endrina. Esta vez, nuestro héroe, frustrará un atraco como sólo él sabría hacerlo…
Este relato está especialmente dedicado a todos los que me hicisteis feliz con vuestra presencia el jueves pasado. Muchas gracias por permitirme compartir mi literatura con vosotros.
Dichosa literatura dichosa
Hace años, muchos años, la literatura era eminentemente oral. Pocos eran los dichosos que sabían leer, y muchos menos los que sabían escribir, así que los escritores, los juglares, los trovadores, iban de pueblo en pueblo ganándose la vida recitando, interpretando los textos que ellos mismos, u otras personas, habían escrito.
Hoy, salvo algunas excepciones, la mayoría de la población sabe leer, y puede disfrutar del proceso de lectura, que se ha convertido en una acción solitaria, individual y, normalmente, silenciosa.
Pero ocurre que, a veces, los escritores sentimos la necesidad de ser juglares de nuestra propia obra, y necesitamos leerla, recitarla, interpretarla (y me consta que hasta cantarla) para que vosotros, lectores, seáis espectadores de la obra. Y eso es lo que va a ocurrir el próximos jueves, 7 de julio de 2011, en la taberna La Dichosa, en Madrid. Ese jueves, amigos míos, a eso de las 19:30, y en la citada taberna, leeré parte de mi obra para todos los que queráis pasar un rato escuchándome.
Leeré relatos de Días, y algunos relatos y poemas no editados hasta el momento, y aprovecharé, siempre que vosotros queráis, y en la medida que lo deseéis, para mantener una charla distendida con el público.
Os espero.
Lugar: Taberna La Dichosa. Calle Bernardo López García, 11.
Día y hora: Jueves, 7 de julio de 2011, a las 19:30.
Mapa del sitio:
Villaociosa enamorado (segunda parte)
Las increíbles aventuras del inspector Tomás Villaociosa de la Endrina continúan apareciendo en tomasvillaociosa.com . Ayer mismo se publicó el relato “Villaociosa enamorado (segunda parte). Un corazón en mil pedazos”.
Espero que os guste, y que os continúen entreteniendo las aventuras de este personaje del que ya he hablado aquí con anterioridad.
Que ustedes lo disfruten.
Otra pequeña aventura de Tomás Villaociosa
Las aventuras de Tomas Villaociosa continúan con esta nueva entrega, que lleva por título “Villaociosa enamorado (primera parte)”.
Espero que os guste.
Enlaces:
Villaociosa enamorado (primera parte)
Las aventuras de Tomás Villaociosa de la Endrina
Extracto:
Si bien nuestro querido inspector siempre se ha debido, en cuerpo y alma, a la protección de la ciudadanía, siendo ésta su máxima aspiración en la vida, el amor ha tocado en varias ocasiones la puerta de Villaociosa, unas veces con más fortuna, otras con menos. La de hoy, es una historia de amor imposible, de anhelos inalcanzables, de desatada pasión muerta casi al punto de empezar…
Don Tomás Villaociosa de la Endrina, para servirles
Como muchos de vosotros ya sabéis, mi actividad literaria no se detiene, y poco a poco mi cabeza va generando nuevas ideas, nuevos personajes, algunos con más éxito, y otros con menos…
Durante el último año he trabajado, entre otros proyectos, en una obra de aventuras, cómica, divertida, donde los acontecimientos se desarrollan con rapidez y prima el estilo directo, el dialogo, sobre todas las cosas. Son las tan queridas aventuras de don Tomas Villaociosa de la Endrina.
Me atrevo a dirigirme a vosotros, en este rinconcito de Internet, para enseñaros parte de lo que será, espero, una nueva obra literaria que verá la luz, si el Destino no tuerce los planes, el año que viene. Entre tanto, y para ir abriendo boca, os presento a don Tomás Villaociosa de la Endrina, inspector del glorioso cuerpo de policía nacional, y excelente jugador de brisca.
Espero que os guste, y que sigáis a menudo las aventuras de tan peculiar personaje.
Enlace a la web del inspector don Tomás Villaociosa : www.tomasvillaociosa.com
Pagando
La musiquilla rítmica, repetitiva, de la máquina tragaperras rompía el silencio del local. Detrás de la barra Eugenio, el dueño, sacaba los vasos aún húmedos del lavavajillas y los colocaba junto a los demás, en una fila más o menos ordenada, sobre una de las repisas ya atiborrada de otros vasos y jarras de cristal. En una pared, al fondo del bar, sobre una balda de madera sujeta por dos escuadras, en un viejo televisor encendido se podía ver, pero no escuchar, uno de esos documentales repletos de imágenes de hermosos bosques, y exóticos animales.
De una destartalada portezuela, también al fondo del bar, salía una mujer joven, de unos treinta años, vestida con una minifalda color negro, ajustada, muy corta, botas altas, hasta las rodillas, y un top blanco que dejaba entrever un sujetador del mismo tono.
- Niño -dijo la joven-, ponme otro botellín anda.
- Botellín para la princesa -Eugenio dejó los vasos, abrió la cámara refrigeradora, sacó una cerveza y la dejó sobre la barra. La chica cogió la botella, observó la boca cerrada, y a punto estuvo de decir algo, pero al ver a Eugenio volver con los vasos del lavaplatos decidió callarse. Cogió un encendedor que tenía junto a un paquete de tabaco y, haciendo palanca entre el mechero y su mano, hizo saltar la chapa. Apoyó la espalda sobre la barra, y se quedó mirando a la calle, con los ojos fijos en un charco sobre el que se veían las ondulaciones que las gotas de lluvia producían al caer.
- Jodido tiempo…
- Cuál, el de ahí fuera o el otro -respondió Andrés, otro de los parroquianos habituales del antro.
- Qué otro.
- Pues el otro… Qué otro va a ser… El que no es el de ahí fuera… El de los relojes…
- Ah, el tiempo.
- Pues eso, el tiempo.
De nuevo el silencio, sólo roto por la tragaperras, se adueñó de la estancia. Andrés terminó su bebida y Eugenio, que ya había terminado de colocar los vasos, le sirvió otra sin que éste dijera nada.
- ¿No hay mucho trabajo hoy, princesa?
- Nada, Andrés… Ya lo ves. Con este tiempo la gente prefiere quedarse en casa. Se apañan con una película y listos…
- Pues qué quieres que te diga, donde estén las carnes de una jovencita que se quiten las películas, los apaños y toda esa mierda. Eso para los adolescentes, que van ciegos de ver culos todo el día…
- Ya… Y luego está el Internet ese… Allí se ponen las botas también… Y yo aquí… Jodido tiempo…
Otra vez el silencio.
- Oye…
- Qué…
- Si no tienes cliente, podrías subirte un rato a mi casa…
La mujer miró a Andrés durante dos segundos, y volvió a fijarse en el charco. Ahora llovía algo más fuerte.
- Ya. Y lo querrás gratis, ¿verdad?
- Son muchos años, princesa… Hace mucho que no…
- ¿Ves, Eugenio? -dijo dirigiéndose al camarero-. A esto me refiero. Andrés me quiere gratis, pero a ti los güisquis te los paga todos.
- O paga o no bebe. Aquí no se fía -respondió el camarero, mientras pasaba un paño húmedo por la barra.
- Ya lo has oído. Si no pagas no bebes, ni follas…
- Bah… Que os jodan…
- Si es pagando…
Andrés dejó un billete de veinte sobre la barra, de mala gana. Se levantó del taburete donde estaba sentado, y se dirigió a la puerta. Desde el umbral se quedó observando la calle, vacía a pesar de lo temprano del la hora. Se giró al interior.
- Vamos, princesa.
- ¿A dónde?
- A dónde va a ser. A mi casa…
- Pagando…
- Pagando…
La joven salió del bar, pasando junto a Andrés, que la esperaba en la puerta. Él la rodeó con su brazo, y los dos desaparecieron de la vista de Eugenio en una carrera desesperada hacia ese lugar lleno de dolor, soledad y angustia. En el bar, el camarero cogió el dinero de la barra y lo guardó en la vieja máquina registradora. Aquella era toda la ganancia del día. Después cogió un trapo húmedo, y comenzó a limpiar la cafetera.
